Recibo a muchas personas en mi consulta que confluyen en torno a un mismo problema: no se reconocen a sí mismas y no encuentran consuelo en su estilo de vida actual.

Aunque muchos de ellos tienen ya una identidad consolidada, son buenos profesionales, dedicados a su familia, considerados con sus amigos, y comprometidos socialmente, cuando se encuentran solos el vacío es insoportable. La desazón vuelve con preguntas existenciales que no encuentran respuesta.

Estas personas suelen estar siempre ocupadas, muchas veces inadvertidamente, y otras conscientemente, pero siempre haciendo algo para no tener que llegar a esa conversación interior. Algunas personas que veo en la consulta se han inclinado por uno de los extremos —obsesión por el cuerpo, por el trabajo, materialismo, consumismo, radicalismo, adicciones; la lista es larga—, pero viven con muchísima intensidad. Otros, se han desplazado al otro extremo en el que el estado de ánimo se va agravando hacia un estado ansioso-depresivo, encerrados en sí mismos.

Hoy en día, para investigar cualquier problema, sólo tenemos que conectarnos. En esa búsqueda de esa desazón es frecuente encontrarse con otros modelos de vida o experiencias, con vidas increíbles, con el gurú que tiene la receta universal para nuestro problema, con el ejemplo de un amigo. Pensamos que emulando la vida de otros, con esa misma receta, mejoraríamos la nuestra sin darnos cuenta de que ese es su camino y no el nuestro.

Cuando con mis clientes entramos en el proceso de regresión hipnótica buscando esa huella emocional que hemos dejado en el pasado, y que nos afecta al vivir nuestra vida actual, muchas veces, la conclusión a esa desazón es siempre la misma: «Frena, vive tu vida, tú tienes tu propio camino. Vive, TÚ, vive tú. «